sábado, 20 de noviembre de 2010

Cuentos del Gorila Escritor.


Barbú nació entre gorilas y el realismo mágico lo bendijo con el don de la escritura. Sin una escuela que lo pudiera educar, Barbú tuvo que domar por sí solo su espíritu salvaje. El contacto con el hombre cambió radicalmente su vida. Con su familia diezmada, Barbú no busca venganza, solo esperanza. Vive ilegalmente en Buenos Aires, Argentina.

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sábado, 25 de septiembre de 2010

Anabela Ascar entrevista al gorila escritor por segunda vez.

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Barbú, el gorila escritor, presenta su nuevo libro "El Narrador":

En un bar en el medio de la nada hay un narrador que cuenta la historia que cada persona necesita escuchar. Casi sin esperanzas, Nicolás Prieto, un joven que ha huido de su casa, busca en Desolado, el bar donde el narrador recibe a su atribulada clientela, la historia que pueda cambiar su destino.

No encuentra una historia, sino un trabajo en Desolado y descubre su don para contar. Las cosas se complican para él cuando tiene que reemplazar al narrador y ocupa su lugar. Quiere volver a su casa, pero la tarea que ha emprendido parece sobreponerse a sus deseos.

Con una prosa ágil, llena de humor y de inventiva, Barbú nos trae en "El narrador", una historia llena de historias: no solo la de Nicolás Prieto, sino también cada una de las que se cuentan en Desolado. Tal vez, sin buscarla, el lector encuentre en este libro aquella narración que necesitaba escuchar.

Un niño condenado al encierro,

solo alcanzará la libertad,

mediante su imaginación.

Un hombre condenado al encierro,

solo alcanzará la paz,

mediante sus recuerdos.

Disponible en Cúspide, El Ateneo, Yenny, Santa Fé, Nadir, El Atril, etc.scar, Barbú, Gorila Escritor, Cesar Notaro, Crónica Tv, Amigacho, Hecho Y Protagonistas, El Narrador, Oliver, Mono Humano, Eslabón Perdido, Humancé, Chimpancé, Feria del Libro, La Momia, King Kong, Realismo Mágico, Cuentos de la Cripta, Zulma Lobato, Ramonos, Ringo, Mighty Joe Young, Bendita Tv, RSM, Zapping, Demoliento Teles, TVR, Frost Nixon, Gorilas en la niebla, Saramago, Borges, Rayuela, Stephen King, Harr

sábado, 4 de septiembre de 2010

El Narrador, el nuevo libro del Gorila Escritor.





En un bar en el medio de la nada hay un narrador que cuenta la historia que cada persona necesita escuchar. Casi sin esperanzas, Nicolás Prieto, un joven que ha huido de su casa, busca en Desolado, el bar donde el narrador recibe a su atribulada clientela, la historia que pueda cambiar su destino.

No encuentra una historia, sino un trabajo en Desolado y descubre su don para contar. Las cosas se complican para él cuando tiene que reemplazar al narrador y ocupa su lugar. Quiere volver a su casa, pero la tarea que ha emprendido parece sobreponerse a sus deseos.

Con una prosa ágil, llena de humor y de inventiva, Barbú nos trae en "El narrador", una historia llena de historias: no solo la de Nicolás Prieto, sino también cada una de las que se cuentan en Desolado. Tal vez, sin buscarla, el lector encuentre en este libro aquella narración que necesitaba escuchar.

Un niño condenado al encierro,

solo alcanzará la libertad,

mediante su imaginación.

Un hombre condenado al encierro,

solo alcanzará la paz,

mediante sus recuerdos.

Disponible en librerías:

"El Ateneo" & "Yenny"
http://www.tematika.com/sucursales/

Cúspide
http://www.cuspide.com/servicios/locales_venta.php

Librería Santa Fé
http://www.lsf.com.ar/locales.aspx

Otras:

Buenos Aires.

San Justo - ABC III - Ignacio Arieta 2949 - Tel. : 4441 - 6481

San Miguel - Org. Escolar San Miguel - P. Perón 1540 - Tel : 4664-9897

Martinez - Boutique del Libro - Unicenter - Parana 3745 -Tel. : 4717 - 4873 / 4

Martinez - Yenny - Unicenter - Parana 3745 - Local 1237

Martinez - Org. Escolar San Miguel - Av. H. Yrigoyen 15

San Isidro - Org. Escolar San Miguel - Blanco Encalada 60 (Panámericana y Av. Marquez) Tel: 4587- 4341

Vicente Lopez - Librería Fedor - Tapiales 1293 - Tel. :4718-0708

Caseros - Libros La Cueva - Av San Martín 2651 - Tel. : 4374 - 4440

Castelar - Libros La Cueva - Arias 2354 - Tel. : 4489 - 4164

Castelar - Org. Escolar San Miguel - Carlos Casares 892 - Tel. : 4627 - 0398

Santos Lugares - Martín Libros - Av La Plata 3572 - Tel. :4712 - 5193

San Martín - Don Camilo Libros - Saavedra 1925 - Tel. : 4713 - 0440

Villa Ballester - Org. Escolar San Miguel - Pacífico Rodriguez 4617 - Tel. : 4847 - 9662

Morón - El Atril - 25 de mayo 130 - Tel 4627 - 9140

Morón - El Atril - Sarmiento 846 - Tel: 4489-4860

Morón - Yenny - Juan Manuel de Rosas 658 - Local 2090

Lomas de Zamora - El Atril - Gorriti 250 - Tel : 4245244

Avellaneda - Yenny - Güemes 897 - Alto Avellaneda Local 110

Ezeiza- Yenny - Aeropuerto Internacional - Local 40

Moreno - Org. Escolar San Miguel - Mitre 443 - Tel : 0237 - 4633428

Escobar - Org. Escolar San Miguel - 25 de mayo 1326 - Tel : 02322-670468

Pilar - Org. Escolar San Miguel - Ituzaingo 633 - Tel : 02322-428495

Pilar - Cúspide - Village Cines - Panamericana km 50 - Tel : 02322-473228

José C. Paz - Org. Escolar San Miguel - Altube 2007- Tel : 02320- 437230

La Plata - El Ateneo - Calle 50 661 / 663

La Plata - Yenny - Calle 48 700 Esq. 9 Local 251251

Mar del Plata - El Atril - Santa Fe 1654 - Tel 0223-494-8200

Mar del Plata - El Atril - Diag. Pueyrredón 2970 - Tel 0223-4925087

Bahía Blanca - Yenny - Sarmiento 2153 - Bahía Plaza Shopping Local 117

Tandil - El Atril - Rodriguez 891 - Tel 02293 433008

Córdoba

Córdoba Capital - El Ateneo - Gral Paz 156 Local 1 y 2 - Tel.: 0351- 4234878

Córdoba Capital - Cúspide - Av Gral Paz 57 Local 1 y 2 - Tel.: 0351- 4246469

Córdoba Capital - Yenny - Duarte Quiroz 1400 - Nuevo centro shopping Local 2202 - Tel.: 0351- 4828332

Rio Cuarto - Librería Superior - Constitución 730 - Tel: 0358 - 462-6492 / 465-0380

Santa Fé

Santa Fé (capital) - Yenny - Shopping La Ribera Dique 1 Locales 39 y 40

Rosario - El Ateneo - Córdoba 1473

Rosario - Yenny - Junín 385 - Alto Rosario Shopping Local 116

Rosario - Cúspide - Portal de Rosario Nansen 255 - Tel.: 0341 - 453-2212

Rosario - Yenny - Portal de Rosario Nansen 255 - Local 1072 5º Nivel

Rosario - Cúspide - Village Cines Eva Perón 5856 - Tel.: 0341 - 4570889

Mendoza

Godoy Cruz - Yenny - Centro Comercial Palmares Mall Local D01 - Ruta Panamericana 2650

Mendoza - Yenny - Villa Nueva Guaymallén Local 255

Mendoza - Yenny - San Martín 1087 / 93

Chubut

Comodoro Rivadavia- Yenny - San Martín 373

Trelew - Yenny - Ruta Provincial 7 Rotonda 5 de Octubre Local 1128

Chaco

Resistencia - Yenny - Av. Alberdi 252

Neuquén

Neuquén - Yenny - Shopping Portal Patagonia Local 1099 - JJ Lastra 2400

Corrientes

Corrientes - Yenny - Centenario Shopping Mall Local 10 - Av. Centenario 3535

Salta

Salta - Yenny - Nuevo Noa Shopping Local 101 - Av. Virrey Toledo 702

Tucumán

San miguel de Tucumán - El Ateneo - 25 de mayo 182

San miguel de Tucumán - Yenny - Av Fermín Cariola 42 Local 1191

También en La Rep. Oriental del Uruguay

Montevideo - Yenny - Ellauri 350 - Shopping Punta Carretas - Local 3

Pocitos - Yenny - Boulevard España y Perú

Importante:

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Editorial Booklet Libros

martes, 17 de agosto de 2010

My Story by Barbú.


I guess my story began fifteen years ago, when my mother had me in the Republic of the Congo or in Cameroon or perhaps in Gabon, I could not say exactly which is my home country.

My parents did not register my date of birth, in fact, we never commemorate holidays, we neither cling to hope because a new year begins nor meet to share nostalgic moments nor pledge obedience to people we cannot see, conferring on them absolute powers. Our lives are as simple as breathing the present. We exclusively adapt ourselves to the place we belong to, becoming devoted admirers of nature; we enjoy its food and we take rest in its comforting trees.

Unluckily, that life was disrupted due to your rashness. Even though I was young, I do remember my first contact with humans. They were two. At first I was scared, I thought they were chameleons as they had an easily replaceable multicoloured skin. Years later I realised that it was not their skin but clothing they wore to wrap up themselves, to protect themselves from mosquitoes and, as they felt embarrassed, to hide their reproductive systems. Embarrassment? I am still trying in vain to understand that symptom. Those humans came to watch me. They never meant to hurt me. As neither of my parents, cousins and uncles was upset at their presence, neither was I. Harmonious sounds came from their mouths. Shortly afterwards, I started to understand them, those sounds were not other thing than a language that, by the way, was more complex than ours. All my doubts turned into knowledge while spending more time with them.

They stayed with us for nineteen days and nineteen nights, at least that is what their records show. Other humans came to visit us on the twentieth day. Unlike the previous humans, these ones were darker and were carrying branches that belched out fire. Although they were noisy, I was not afraid. I wanted to know what was that discontinuous flash which frightened away my whole family. Some tried to escape but they tripped over and could not manage to stand up. Others climbed up trees waiting the sky to protect them, but it was the ground the one that tolerated the consecutive blows of their falls. I was still, seeing how my family went mad and how those two humans that had watched us for days stopped doing it abruptly. They decided to imitate us, lying on the ground.

I walked up to her, she was lying on her back, her eyes were open but they were not looking at me.

Her arms, that were stretched out with the palms of her hands widely open, were not looking for a hug as they always did. I could not feel anymore that vibration that made me feel safe when she embraced me. I was too young to understand what had happened but when my father picked me up taking me away from her and from that evil branches, I knew her presence would only last in my memories. Although my father would take care of me, I knew I would never be safe again.

Some of us could escape but not because of our virtues but because the branches were tired of belching out fire and men seemed to be satisfied with the deed.

After two days, we returned there. That was our place, our home, where we felt comfortable. Mysteriously my mother and some of my relatives disappeared. So did the two humans. I could only find what one of them was carrying on his back. Inside it there were a lot of novel objects to me; they kept me amused for a while: a flat object that reflected my face just like the water does, some clothing (what I first thought was their skin), pictures of myself and my relatives stuck in shapeless leaves with other empty images but full of some tiny drawings messily repeated without being one on top of the other. Throughout my captivity I finally understood lots of things.

During the following years, I would always revive that ill-fated day of my life. The evil branches had destroyed my family. Besides, it was difficult to find a favourable place to live, for trees were also vanishing. I was not able to find relief even when everything was quiet. I was left out by my "brothers" due to a physical handicap I had. My arms were as long as my legs and my position was more upright than theirs. I barely had the need to use my knuckles to support my body to walk. This was the reason why I was slower and weaker than my brothers. These features appeared during my adolescence. They began to ignore me during the daily escapes from dark men because of these problems or because I did not have the strength to climb to the top of trees. Even my father, who had protected me for a long while, adopted the same unfair posture. I had no one to stroke my back, no one to swing with. No matter how much I tried to get close to them, they would not change their minds. The happy memories of my mother were the only thing that helped me to face up the distress I felt inside.

Without the protection of my father,
everyone thought my fate was sealed. Dark men would take me with them. However, I always managed to escape, hoping my father would be proud of me, because, despite my physical handicap, I always managed to keep going, finding the suitable way out. My intelligence made up

for my other problems. My father came back to me and asked me to break the sugar canes as he could not do it. My father believed that if my family followed me when the branches would start belching out fire, we all would escape. If I was able to escape with my physical handicap, then everyone could do it.

At first he was right, I did not let them down, he had convinced everyone else to follow me. So I foresaw the footprints men were going to leave on the ground. I guessed their hunches. I kept the group alive for years. Only the God men talk about decided who might live and who might die. They began to accept me, my defects, my virtues. However, when I began to accept myself was more important. I converted my defects into virtues which endured as such until I became an adult.

Tired of escaping, I thought I was mature enough to face the situation that was bothering us for as long as I can remember.

I had decided I was going to be the boss, keeping myself away from the battle. Not because I was weak compared with my brothers; I was able to bend any man if I wanted to, but because I did not want to kill anybody. However, I was badly mistaken. My eyes were horrified at seeing my brothers getting killed. I can still hear their heartbreaking groans and I will always carry the weight of their deaths on my shoulders, as a punishment for ordering the massacre.

At the beginning the ambush was a success. We overpowered dark men in a very short time. Nature gave us the perfect scenario. We hid so well, that we even could not see each other. However, thanks to our sense of smell, we were able to feel their fear running down their cheeks. Moreover, our sensitive ears were able to hear their unsure and frightful steps. Hunters became hunted. We were enjoying our victory banging our chests with our fists. Some escaped because we had mercy on them when they cried begging for their lives. Fear in their faces taught me that kneeling down and putting one's hands at the level of one's head means begging. That was a terrible mistake. We should have never let them go. More men returned with them, some were white, similar to the ones I met before my mother passed away. They were carrying something else besides evil branches. They had other devices I had never seen before. Some of these devices were so big that were carried either by land or by air. Most fortunate ones, among them were my father and I, were captured with a huge spider web. It took us flying high above the tops of the trees far away from our home.

We all, dead or alive, ended up in a place inhabited by even more men. They put us in a cave sealed with a row of tall teeth so we would not be able to escape. It seemed like a huge mouth chewing us slowly. Before nightfall, five men came near. Three were carrying a branch between their arms and wearing a liana around their waist. However, unlike the other branches I had known that were noisy and dull, these ones were silent and bright. Two men were exchanging words, which unfortunately I could not understand. I guessed they were talking about us. It seemed they could not reach an agreement, until one of them stopped talking, he had accepted his partner was right, and with a gesture ordered everyone to aim the branches straight at us. I knew the branches were going to roar and that death was our fortune. I had to stop them. For that reason, I approached the teeth which separated us from them, begging for my life and my family's in the same way they had done it in the jungle. Men could not believe their eyes. I had caught their attention. As I kept on imitating them, amazement was left behind and now there were only laughters. I was released, but they did not let my family go. I realized they were not going to forgive them. I begged of them once again, unsuccessfully, men stopped for a moment to see if any of my brothers would do what I had done, but no one in my family could do it. Not even my father. Although he knew imitating me would have saved his life, he preferred to behave as a gorilla.

After a few days, I had been confined to a very reduced space, limited by rigid spider webs which prevented me from hurting curious people who would draw near. I was then tamed by Keobe. He was key in my life. From the very beginning I knew his intentions were good. He noticed I was different from the rest of my family, not only because of my physical appearance but also because of my attitude. He felt motivated by this and decided to teach me how to read and how to write, an unusual idea.

The language was not a problem. I learnt it quite quickly because I had already translated men's language back in the jungle. However, I will never be able to chat, because my vocal chores are different from humans'.

After learning the language I passed to the numbers. Additions, subtractions, multiplications, divisions amazed the visitors. Anyway, maths was not my favourite subject. I was more intrigued by the history of humanity. Knowing the past provided help for rebuilding the present.

Voices were telling I was a special ape, but I did not have a name. Some whistled at me to catch my attention and take me pictures. Others called me by different names until one day the zoo decided to run a contest to give me a name. On the previous day to the final voting, the contest was held unfinished as I wrote in crayon: "My name is Barbú" in big block letters on one of the stones that was decorating my home. The name represents something... but I will keep it for myself.

At the zoo my attitude was not a problem, in fact they took advantage of it holding big celebrations. Once a week there was a big party in which I was the centre of attention. I remember I have once celebrated my birthday in two different occasions during the same year. An unreliable source of information was said to be the reason of the first mistaken birthday, but such mistake was corrected by a physical examination using the most recent technology. Money-making was the main goal of the zoo, and birthdays attracted visitors.

Those were my days at the zoo as the main attraction. If there were no scheduled events, I would spend the day with Koebe and books. However, at night, the only one by my side was the unavoidable feeling of sadness. This feeling showed up without asking permission. It would make me revive the shooting of my father. Every night I would see him dying in front of me. It was heartbreaking hearing the crashing of his bones when he was mutilated by the shinning branches. There was no relief, when everything seemed over, men found another part of his body to cut, sentencing me, for the rest of my life, to tolerate the unbearable.

The final destination of my father's body was men's stomach and unfortunate pieces ended up in their gums. The rest of my family was exchanged for papers and smooth and circular stones.

However, in a way or another, I have always had the memories of my parents. That feels good. Not being alone was definitely something good. And so thought the director of the zoo. I was introduced to "Olivia", my new roommate. A female, with sensual curves, with only 80Kg distributed around her beautiful body and ready to conquer even the hardest of the hearts. The zoo tried to create a big deal about it, organizing a marriage, a honey moon, a birth, etc... At the same time Olivia was also looking for love. I was craving for an end to this horrible nightmare. Freedom was my goal.

During a year and a half I was with Olivia but I could not create a bound between us, our evident intellectual differences set us apart in a way that I could not find her physically attractive. However, I gave in to her petitions. Olivia wanted to become a mother at all costs. I do not know if I was able to give her the child she wanted so badly, but at least I gave her hope.

My last day in that cage was thanks to Keobe. Planning my breakout took us several days. He knew I was not running risks at the zoo, but he understood it was not the most pleasant way of living. His greatest wish was my happiness. At the risk of losing his job, he brought me a big white overall,

like the ones the cleaning staff wore, at least to hide my fur in the night of my breakout. He left the door of the cage as if it was closed, but in fact, you could open it with just a gentle push.

Outside there was a black car waiting for me which passed unnoticed because it was dark. The face of the driver was familiar but I did not recognize him. He was scared, I could see it in his eyes, perhaps he had never seen a gorilla before. He introduced himself as a friend of Keobe, he gave a package to me before starting the journey. Inside it there was a book which belonged to the expedition members I had met in my childhood. The book was the one I had found after the murder of my mother. I wondered how Keobe had got it. I clung to it, I could see my family again in it and read what before seemed to be some tiny drawings that were messily repeated. While the car was going away as quick as possible I was staring at a seal placed on the front of the notebook which read where it had been confiscated during the last eighteen months. The place was a military bastion. I deduced that there where those butchers who had eaten my whole family.

The car stopped in a place but it did not look like a military bastion. It was a three- story building and there were humans who had exterminated my family. It was a hospital. He explained to me that every single soldier that had murdered and eaten my family were hospitalized there. Lucky ones had already died while the rest was in the throes of death. According to the driver, most of my relatives were carriers of an immunodeficiency virus which is closely related to an illness which humans suffer from that affects the immune system leaving them susceptible to opportunistic infections. It seemed they had contracted this virus from my family bringing about more infected people, now thirty nine million humans live with the disease worldwide.

The driver also told me that some of my brothers suffered from another illness which first came to light in the seventies in a river in the Congo. This illness is characterized by high fever and gastrointestinal bleeding disorders and all can progress to a constant bleeding from ears, mouth, eyes and sometimes also the rectum. Both viruses are transmitted from gorillas to humans. When he finished his talk, I had already realised who he was. He was the man who kept his mouth shut the day my family died. His help now was an apology. Hate confused me: now I was worried about being sick with those illnesses; filled with remorse for the past and feeling sorry for the present.

We went to the port. When getting out from the car the sky grew orange, but they could not identify me because it was dark. I just wanted to find a ship which may take me away to a place without restrictions, where legislation is totally forgotten by people and leaders, a land which could make me forget this deep anguish. That land was Argentina.

I hid myself in a container. I did not carry any provisions on me as I was in a tight spot. My hopes of living a different future could have been dashed due to hunger but I was in luck. I travelled with two deserters that were carrying a huge amount of food. They were not scared at me. It seemed my popularity at the zoo helped me to meet them, I soon made friends with Romarin y Salomon, who were from Cameroon. Unfortunately the Argentine Customs found them and they were deported. They were not as lucky as the Asians that were travelling in the container that was next to mine. I managed to slip away from officers of the Border Protection Service pretending I was sleeping. I remained like that because is easier to manipulate an sleeping gorilla rather than an awake one. And what if panic spread and they would commit a wild deed as they thought I was carrying cocaine on me? I was scared.

Many men were required to place me in the wheelbarrow where I got transported to the Customs' Department. An employee was ordered to contact the Animal Protection Agency. I was left alone as he had not got any answers. I took advantage of it to escape, I was looking for a place where trees could dominate buildings.

Before arriving to any populated area, there were three humans wearing costumes on the avenue who were promoting a quick soup. The zebra, the rhino and the giraffe were with a girl who was handing in leaflets and free samples to the passers-by. I joined them as if I was part of the cast.

I kept my mouth shut. If I opened it they would realise I was a gorilla. A man of the group asked me where had I bought the gorilla costume while the others seemed to be quite busy bearing the costume which wrapped them up. The girl gave me some leaflets and I started working.

When we finished working, a pickup truck picked us up and drove us to the deposit where we had to return the costumes. Problems went on and on. I did not want to go back to the cage or to be considered as a phenomena. I just wanted a normal life, living in the jungle again or trying humans' lifestyle.

As I refused to return my “costume”, the manager came to see me. He was frowning at my exasperating reaction. However his look told me he did not remember having a gorilla costume which seemed so real. Tired of battling with their innocence, I left performance behind and showed them the size of my fangs. Everybody except one ran away. He was one of the passers-by who had also received the quick soap sample. As he was curious, he decided to follow the pickup truck. “Barbú” he said, I realised stories from other continent had arrived to his ears. I was offered a home by him, but deciding my future was not an easy task.

“I want to be a writer”, I told myself. “Things must change, a different point of view must exist. I think we need fiction to distort the past, to amaze the present and to idealize an unthinkable future. A fiction which captures readers' attention and introduces them to a world full of characters, a world which until now they have only met when dreaming. Writing stories which sculpt different lives' messes, engaging in intrigue and uncertainty. That is my goal.”

After being shut up in a room for a few months, pressing keys to make several stories develop in an alive cybernetic picture, I decided to start living as a normal human: going to the supermarket, paying bills watching a movie at the cinema, crying or laughing at the theatre, enjoying Buenos Aires' nights. But I mainly want to express my feelings and ideas in writing.

I have already shown you my world. I hope you accept me kindly. Fantasy is just taking its first steps... I can hear them... and you?

Translation by Agostina Mayra Gatti.

jueves, 15 de julio de 2010

Italia 90`: Goycochea, la figurita imposible.

El oficial leyó la carta:

“Mi nombre es Juan Carlos Oviedo y soy el principal culpable de que Argentina perdiera la final del mundo a manos de Alemania en Italia ‘90.”

“¿Por qué? ¿Qué pudo haber hecho un niño que aquel entonces tenía diez años para incidir en un resultado de un partido de fútbol que se jugaba en otro continente? Aunque no lo crean, hizo mucho.”

“Como todo niño amante del fútbol, coleccioné las figuritas oficiales del Mundial. No parábamos de intercambiar figuritas en los recreos del colegio. A mi mazo de repetidas, que incluía tres Maradonas y un Caniggia, lo cuidaba como oro; nunca intenté cambiarlas en clase y terminar como todos esos compañeros míos a los que les confiscaron sus mazos.”

“Más lejos avanzaba Argentina en Italia, más crecía el entusiasmo. Ya empezaban a sumarse las nenas al mercado de figuritas, mientras los varones dejábamos de jugar picados en el patio para empezar a patear penales como si en el arco estuviera el mismísimo Goycochea.”

“Goycochea. Sergio Goycochea. “El Goyco”. Si los chicos futboleros del ’90 teníamos un sueño, ese era llegar a ser como el Goyco. Cada uno que atajara un penal pasaba a ser “el Goyco” por unos minutos. Y claro, ¿cómo no iba a ser el héroe argentino, si sus manos y sus reflejos debajo de los tres palos nos ayudaron a eliminar a Yugoslavia en cuartos y a Italia en semifinales?”

“Gracias al Goyco llegamos al sueño de enfrentar a Alemania Federal en la final. Gracias al Goyco volvíamos a repetir la final del ’86.”

“Era un sueño que moría en el álbum de figuritas.”

“¿Quién no quería tener a Goycochea en el álbum? Al parecer, la editorial Panini, ya que no lo tuvo tan en cuenta como el Narigón Bilardo. En el álbum aparecía Nery Pumpido como arquero titular y Luis Islas como suplente. La cosa, por si no lo recuerdan, es que cuando la Selección ya tenía sacado el pasaje para Italia, Islas no quiso ser suplente y se fue del plantel, por lo que Bilardo convoca a Goycochea para ocupar su lugar… y luego el lugar del propio Pumpido tras su lesión en el partido contra la Unión Soviética.”

“Que Islas desertara de la Selección fue algo tan drástico que me hizo imposible encontrar su figurita. Tanto fue así que faltando dos días para la final, la única figurita que me faltaba para llenar el álbum era la del bendito Islas. El último “nola” que pude conseguir fue la de un tal Tony Cascarino, de Irlanda, que me costó un Maradona. Pero Islas estaba tan perdido que ni Colón desde la carabela lo hubiera avistado.

“Eso sí, sobraban las de Brehme, había tantas de Lineker que terminaban pegadas en las sillas como chicle de bondi, cada botella tenía una de Bebeto pegada, las chicas se pasaban mensajitos en las de Roberto Baggio, o incluso había figuritas de Francescoli para cebar mates de acá hasta Montevideo, pero Islas… nadie lo tenía”.

“Ese viernes tenía que comprar unas cartulinas para no sé qué trabajo de la escuela, pero usé la plata para comprarme un sobre de figuritas. Me gasté los diossabecuántos miles de australes que me dio mamá para comprarme un último paquete de figuritas para el álbum. Al diablo la tarea; no iba a llegar a la final del Mundial faltándome una sola figurita para tener completo el álbum.”

“Ese día había por lo menos tres chicos antes que yo en la fila del kiosco, que me quedaba de paso mientras volvía solo (a esa edad ya podía) del colegio. Uno de esos chicos debía estar bastante peor que yo con su álbum, se llevó como veinte sobres. La cuestión es que cuando llegó mi turno, sólo quedaba un sobre medio pegoteado con el adhesivo de la caja contenedora. Cuando el kiosquero sacó el sobre de la caja, por accidente lo rasgó y dejó a la vista la base de la primera figurita… y no había dudas: era el buzo de Islas.”

“Ni bien pagué abrí el sobre y descubrí que estaba equivocado… pero fue la mejor equivocación que me podía pasar. Tenía que ser una ilusión, tan confundido estaba que reprimí el júbilo. A primera vista, y a segunda y tercera también, la figurita era igual que cualquier otra: tenía la pelota y la leyenda “Italia 90” en el extremo superior izquierdo, en el derecho estaba esa mascota de palos con los colores italianos, y en la base la banderita argentina. La tipografía era la misma, pero lo que la hacía única era la fotografía y el nombre al pie.”

“Porque el nombre al pie de la foto no era el de Luis Alberto Islas, sino el de Sergio Javier Goycochea.”

“Ni me importó que al volver mamá me castigara por no comprar las cartulinas y me prohibiera jugar al fútbol ese sábado; ya tenía la figurita del Vasco y con eso me bastaba. Tan valiosa era que dudé en pegarla en el espacio que le correspondía a Islas, tenía miedo de que el adhesivo la arrugara, pero más miedo tenía de perderla”.

“La penitencia del sábado me dejó tanto tiempo sin hacer nada que finalmente me colmó la paciencia y completé el álbum. Era el chico más feliz de la Argentina y si ENTel no nos hubiera estado debiendo la instalación del teléfono desde el ’84, me hubiera pasado la tarde entera hablando con mis amigos... o por lo menos los que tuvieran teléfono, pero esa es otra historia. Como hijo único, sólo tenía a mis viejos para compartir la alegría.”

“Ni bien me desperté el domingo, revisé el álbum y comprobé aliviado que mi ídolo seguía encabezando el plantel argentino. Las horas de la previa se hicieron tan largas que la ansiedad me mató el hambre, apenas pude terminar medio plato de ravioles. Esperé expectante con mis viejos a que la selección saliera a la cancha. Papá había comprado nuestro primer televisor color para ver el Mundial y la imagen era tan nítida que me estremecí de pánico cuando vi a Luis Islas con el buzo de arquero en vez de a Goycochea.

“Debí haberme quedado afónico de lo mucho que les grité y lloré a mis viejos para decirles que estaba el desertor Islas usurpando el lugar del Goyco en el arco, pero no me creyeron nada… y terminé ligando un sopapo cuando colmé la paciencia de papá. ‘O mirás el partido callado o te vas a tu cuarto’, me gritó. En silencio me quedé, aunque no hubiera podido hablar más de la impotencia cuando el mexicano Codesal, que hacía de árbitro, inventó un penal de la nada a favor de Alemania y en el arco estaba Luis Islas. Brehme puso la pelota en el punto de penal, la pateó y pasó lo que tenía que pasar: 1-0. Y unos cuantos minutos después, la Copa para Alemania.”

“Hasta este último día de mi vida sigo pensando que si me hubiera tocado la figurita de Islas en vez de la de Goycochea, otra hubiera sido la historia”.

“Pasaron veinte años de ese día, y como para marcar el aniversario, Alemania deja a la Argentina afuera del Mundial, esta vez en cuartos y con una goleada que no necesitó penales inventados. Quisiera poder dejarles el álbum de figuritas para que lo comprueben ustedes mismos, pero me acuerdo que lo hice papel picado en un ataque de furia cuando Lehmann se macheteó para eliminarnos del 2006.

“Nunca pude recuperarme del gol de Brehme.”

El oficial levantó la vista y contempló el nudo de la sábana que ahogaba el grito de gol de Juan Carlos Oviedo, mientras el fotógrafo forense disparaba una Polaroid para revelar al instante la imagen.

Tuvo que verla varias veces, porque el rostro en la fotografía no se parecía en nada al del cuerpo que colgaba de la sábana.

Extrañado, el fotógrafo le pasó la foto al oficial, que haciendo a un lado la carta miró la imagen y al instante acudieron los recuerdos de esa final de 1990, porque el rostro era uno que se le había grabado en la memoria del odio y de la bronca que le hacía sentir.

El hombre en la foto era un mexicano llamado Edgardo Codesal Méndez.


Álbum de figuritas: evidencia 1


Álbum de figuritas: evidencia 2



martes, 15 de junio de 2010

Insomnio.


Cuando la madrugada agoniza, a menudo me pregunto de dónde vengo y de dónde nace aquella inquietud por saberlo. Me revuelco en la cama con la intención de tumbar, aunque sin éxito, aquellas dudas que comparto con el resto de la humanidad. Me persiguen como si yo tuviera la culpa de su existencia. Surgen de aquellos pozos racionales que me faltan rellenar y a los que con resignación, para sentirme completo, remiendo provisoriamente con parches que demandan oraciones de cambio y perdón hacia un ser que aún siendo difícil de imaginar, es fácil de sentir con sólo tocar sus creaciones, con sólo dejar que se unan estrechamente con mis sentimientos, en vínculos que al llorar se enredan hasta romperse, dejando que sus vestigios permanezcan por siempre adornando mi soledad.

Por eso vuelvo a preguntarme tanto de dónde vienen como de dónde vengo, qué causa sus apariciones en un determinado momento y espacio de la supuesta línea recta que traza mi vida; como a su vez, qué hace que me entrometa en sus vidas, en las líneas que ellas trazan, que con otras líneas que quizás nunca vaya a rozar, terminan por formar un enrejado que atrapa mis deseos de saber dónde comienzan dichas líneas, dónde nacen nuestras existencias, dónde hallar nuestros orígenes.

Mis ojos, que de tanto frotármelos están rojos, sólo quieren descansar, pero no pueden porque me desespero por conocer quién plantó el primer árbol, qué sirvió de alimento al primer pez, qué amamantó al primer bebé, quién oculta al sol de la luna todos los días y qué permite que conserve mi aliento. La intolerancia ante la idea de ser un completo ignorante atrofia cada músculo de mi cuerpo. El pánico surge de mis extremidades y llega a mi corazón con el objetivo de paralizarlo de un susto. ¿Cómo no voy a tener miedo? Sin conocimientos, estoy a la deriva, sin brújula que me mantenga en el camino correcto.

El reloj despertador esta a punto de chillar, y me daré por notificado de la llegada del nuevo día gracias a una máquina. Quizás dentro de un año, llegado este preciso instante, el despertador se halle olvidado en un rincón de mi pasado, y quizás no sea un ruido el que me despierte, sino la sensación de asfixia por el calor que abruma mis vías respiratorias. Un calor que sólo se compara con el del desértico Medio Oriente. O quizás me despierte por un desperfecto en aquella usina que mantiene caliente la tienda en el estéril suelo de Alaska. O acaso sea la luna llena, acompañada por los aullidos de una jauría de lobos en lo alto de la montaña, la que me incite a estudiar el comportamiento de estos fantásticos animales. O tal vez no necesite levantarlo, no porque ese día me sorprenda descomponiéndome en un cajón tallado, ni porque esté trabajando de sereno, sino porque me desvelé acunando a mi hijo.

Pensar en un futuro incierto mantiene mi moral elevada, porque son los misterios de la vida los que me mantienen con vida, los que conservan mi aliento y los que me brindan el regocijo de este tiempo conmigo mismo. Si bien es cierto que las dudas que aparecen en la madrugada me privan de varias horas de sueño, fue mi humildad, que debo admitir que no siempre consigo encontrar, la que me hizo aceptar este oficio que emprendo desde que tengo uso de razón, con el fin de descubrir aquellos detalles que hacen de nuestra existencia algo interesante.

Sin misterios por desvelar, sin secretos por desnudar, la vida no tiene intriga. Sin misterios, la vida no puede sorprender a los inocentes ni asustar a los cobardes.

Sin misterios, la vida carece de sentido.

El escritor es un científico sin diploma.

Barbú, el primer gorila escritor.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Los diez mandamientos del gorila.


HOMBRE:

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.

2. No tomarás el nombre de Dios en vano.

3. Santificarás las fiestas.

4. Honrarás a tu padre y a tu madre.

5. No matarás.

6. No cometerás actos impuros.

7. No robarás.

8. No dirás falso testimonio ni mentiras.

9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

10. No codiciarás los bienes ajenos.

Bonus Track:

11. Que os améis unos a otros; como yo os he amado... (citando a Jesús)

GORILA:

1. Amarás a la naturaleza sobre todas las cosas.

2. No industrializarás usando el nombre de la evolución en vano.

3. No temerás a la superstición.

4. Honrarás al gorila de espalda plateada.

5. No imitarás la caza.

6. Cometerás adulterio, la mortalidad infantil es alta.

7. No leerás Adam Smith.

8. No revelarás al hombre la verdad sobre la teoría del Big Bang.

9. No reprimirás los deseos de cometer adulterio, estás en peligro de extinción.

10. No codiciarás los bienes del hombre.

Bonus Track:

11. Jamás amen a otras especies como el hombre las ha amado.

sábado, 6 de marzo de 2010

Haciendo las paces.

De Barbú,
para todos aquellas personas que escriben.


Las cosas con Florentina estaban mal. Digo cosas para resumir y no explayarme sobre mis vaivenes en carreras universitarias, mi estancamiento laboral, mi pésima relación con sus padres y la semana de retraso que su panza porta. Las cosas estaban mal, pero como poeta de segunda que soy logré, gracias a fragmentos del pasado y promesas carentes de argumentos, inducirla a olvidar el café y acercarla a una cantina ambientada con luces que respetan la oscuridad.

Nos sentamos. A pesar de mirarla fijamente, no encontré sus ojos. Le tomé la mano como un signo de amor, pero ella pretendía algo más que amor, demandaba compromiso. No quería una caricia, fantaseaba con un anillo. El rechazo no se hizo esperar. No le hizo falta levantarse e irse, el golpe fue certero e inesperado así como fue. En la esquina del cuadrilátero, recuperando aire, me atacó la sospecha de que en realidad había entrado sólo al bar. Sabiendo que la tenía enfrente, me abstuve de vomitar lamentos y ocupé mis manos en el menú para fingir desinterés.

Antes que decidiera algo, ya tenía a una mesera de impecable delantal blanco husmeando en mi vida. Tuve suerte de que aceptaran credenciales de obras sociales, porque los sobreprecios de esa carta eran como para la internación. Mi garganta necesitaba dos tabletas de paracetamol, pero los pulmones de Florentina preferían un tanque de oxigeno y no me quedó otra que señalarle el precio. “Es una locura”, le susurré. No obstante, y renuente a aceptar mi suerte financiera, insistió con la famosa frase: “podemos compartirlo”. Siendo que la credencial tenía un límite que me impedía estar de acuerdo, opté por un baño de eucalipto con suficientes muestras gratis de perfume como para disimular.
De no ser por la distracción que provocó un jubilado que le exigía al cantinero que le permitiera llevarse a su casa el sulfato de glucosamina que pedía, nos hubiéramos rendido al silencio. El cantinero le respondió educadamente que podía consumirla adentro, pero el anciano declinó la oferta y se fue con su artrosis a otra parte. Por fortuna la mesera no se demoró y nos sirvió las dos tabletas de paracetamol y una cacerola humeante, diciendo: “ahora vuelvo con las muestras gratis”. Sin dirigirme la palabra, Florentina comenzó a inhalar el vapor. Su cabeza agachada me brindo un mejor panorama de la cantina, y me entretuve con las actividades mundanas del resto de los pacientes mientras consumía las pastillas. Contemplé perplejo cómo un fémur fracturado saciaba su sed con un vaso de clavos, al tiempo que un soldado hospedaba insulina en su cuerpo. Sentí piedad al ver a una elefanta sin trompa llorar desconsoladamente sobre una balanza, y luego escalofríos al distinguir entre el tumulto a un ovíparo que me guiñaba un ojo con un toque de seducción. Un ojo que se transformó en otro que me preguntaba en qué estaba pensando. Florentina se había tomado un descanso de su refresco, y arrinconado le respondí con una mentira: “en nosotros”. Ese era el problema, precisamente no estaba pensando en nosotros y ella lo sabía bien; por más que le mintiera, por más que la quisiera, por más que la amara, sólo me importaba vivir el presente, y el cruce no tardó en llegar.
Sólo que esta vez sí se marcho.

La depresión me llevó a buscar respuestas en el menú, pero para mi sorpresa éste había cambiado. Repentinamente a mi lado, la mesera me sonreía con una expresión que delataba el repentino cambio de dueños. “¿Qué libro desea leer?” quiso saber y le respondí discretamente: “Uno vacío como mi alma”. Al rato me entregó un libro muy liviano que en lugar de hojas tenía plumas. Al abrirlo una ráfaga de viento lo desplumó e hizo que las plumas formaran nubes de palabras. Queriendo leerlas a todas, me subí a la mesa para alcanzarlas, pero las plumas se escabullían de mis manos y adquirieron tanta altura que me forzaron a saltar, aunque mis pesados zapatos ortopédicos me lo hicieran imposible. Los usaba porque siempre alguien tiene que corregirme los pasos, no puedo deambular sólo por la vida, porque correría el riesgo de tropezarme, y les aseguro que no es lindo trastabillar cuando se está escalando una montaña.

El clima se tornó violento. El esfuerzo trabajoso de respirar me hizo lamentar mi pasada avaricia de no pedir el tanque de oxigeno. Tarde o temprano, ella siempre terminaba teniendo la razón.
Esta vez debía enfrentar la angustiante travesía yo sólo.

Aquella cumbre nevada que estaba a varios metros de mí despertó nostalgia por el helado de burbujas que compraba mi abuelo. Un helado gasificado: el invento del siglo XX. Todavía hoy me salpica en la cara la ebullición de la crema. Con mi rostro humedecido comencé a buscar respuestas, encontrando a mi lado una cascada de canillas. Los grifos descendían velozmente, y para capturar uno de ellos liberé mi mano izquierda mientras me aferraba a una roca con la derecha. Logré mi objetivo y prevenir una caída, pero no evité que otro grifo me golpeara el antebrazo. Conteniendo las ganas de gritar, me concentré en girar la perilla del grifo que había atajado, pero de allí no salió ni una sola gota que me pudiera hidratar. Arrojé el grifo para que cayera con los demás y me persigné antes de seguir mi ascenso. A medida que escalaba, la temperatura disminuía y los vientos me desnudaban paulatinamente sin despojarme de ninguna prenda. Al rato, el vértigo se hizo presente para abofetearme cada vez que me detuviera a mirar el pasado. El pánico terminó por inmovilizar mis extremidades, sin dejarme más alternativa que aguardar hasta que emergiera uno de esos recuerdos que no suelen compartirse, que inspiran coraje. Con sólo pensar en él, ocultó mis ojos detrás de mis párpados y me hizo trepar a ciegas por encima de todos mis temores, ignorando los peligros latentes.

En la cima aguardaba mi destino. En la cima estaba ella, estaba la imaginación. Una masa deforme de ideas sin sustento racional, tan deforme que en el momento previo a nacer, a su madre le pusieron una rampa entre las piernas. Una masa porosa que se arrastraba hacia mí como una serpiente al no poder caminar. La idea no me agradaba y quería mi vida de vuelta, por lo que sin advertencia previa ni respuesta a sus súplicas la golpeé, aunque no pude lastimarla ni mucho menos alejarla. Con cada golpe de mis puños emanaba una creación que cobraba vida en mi cabeza y brincaba entre las demás en busca de un padre.

Mi novia tiene una semana de atraso. No puedo abandonarla. No puedo.


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martes, 9 de febrero de 2010

Enamorado.


Nunca es demasiado tarde para enamorarse.


De un sacudón, ella me despojó de la oscuridad. Me salvó de la miseria y con delicadeza y en forma paulatina, como para que no sintiera un cambio abrupto, logró que el frío circundante hirviera, abrasando a todos mis pecados. Su sonrisa candente iluminó mi rostro acostado, vigorizando mis mejillas, devolviéndome mi vida profanada por el fondo de una botella. Ni la madre de mi hija había sido capaz de brindarme esa misma seguridad que sólo en la cuna pude palpitar.

Sus ojos celestes reavivaron el mar perdido en mis recuerdos. El meneo de su cuerpo era similar al de mi barcaza en el medio del Río de la Plata y su perfume a manzana despertó mi apetito a la merienda que disfrutaba en el ocaso. Su peinado, que caía detrás de su nuca, no fue lo suficiente intimidante para que algunos de sus rizos escandalosos no huyeran del recato generacional, rejuveneciendo así a este marchito marino.

Ella tomó la iniciativa. Me destapó hasta los pies y sin desnudarse, quizás por pudor a hacerlo o pretendiendo conservar el misterio para el final, sujetó una regadera y comenzó a bañarme. El agua borró cada porquería del callejón que se pudiera haber aferrado a mi cuerpo para distanciarme de la sociedad. Pero en ningún momento ella sintió temor a conocerme.

Una vez bañado, con mucha ternura y una pizca de pasión, no tardó en acariciar todo mi ser, mis entrañas. Sin palabras de por medio, sólo a través de sus manos, fue descubriéndome. No le molestó que fuera alcohólico, es más: estaba dispuesto a dejar el vicio si a ella le alteraba, pero sin decir nada me hizo entender que si tenía que dejar de beber, lo tenía que hacer por mí y no por nadie más.

Sus intrépidas manos, definitivamente, robaron mi corazón. Al igual que cualquier mujer, jugaron un poco con él y lo devolvieron a su propietario con esas marcas incurables que solo el amor es capaz de lograr. Después de un masaje capilar, juzgó mis ideas pesándolas en una balanza. Al parecer algo no le gusto de mi modo de pensar y me dejó solo con el alma de su fragancia. No quería que me abandonara como lo había hecho mi hija, aunque es verdad que yo también cometí méritos suficientes para perderla.

Cuando creí que nunca más iba a volver, que mi destino era regresar hacia aquel agujero nauseabundo, apareció con el propósito de dejar todo en su lugar. Deseosa de limpiar cualquier evidencia que la encontrara culpable de los celos de su marido, me cubrió por completo con la sábana, dejándome sólo la tela blanca ante mis ojos y suponiendo que yo sólo había sido un refugio temporario y prohibido.

Ella se equivocó en el diagnóstico final: dijo que la causa de mi descanso fue una cirrosis acumulada sigilosamente durante años. En realidad la causa, la cual yo no comprendí hasta conocerla, fue encontrarla.

No sé si volverá para presentarme su nombre. No sé si mis labios tendrán la oportunidad de sofocarse con los suyos, como tampoco sé si esta vez podré desabotonarle el delantal. Pero de algo estoy seguro: sea cual sea mi destino, ella será quien me empuje a él.



viernes, 5 de febrero de 2010

El beso.


El sobre estaba perfumado. El aroma a rosas despertó mi curiosidad sobre lo que Laura pudo haber escrito. Lo abrí. Estaba escrito a mano y al pie de la carta brillaba el desenlace: la huella roja de sus labios carnosos. Tuve el impulso de machacar el papel de un beso, pero antes decidí leerla. El ritmo de las palabras describía rabia, dolor y abandono. La última oración resumía su contenido: “Jamás serán tuyos”.

Eso lo veremos.

Por lo menos yo tengo un empleo. Memoricé la dirección del remitente para después del recorrido y metí la carta en el morral.

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domingo, 24 de enero de 2010

En la revista Maxim.

NOVIEMBRE 2009

Barbú es el primer simio escritor. Su libro, La fuga del tiempo, que fue publicado por la editorial CADAN, se presentó en la Feria del Libro. Posta. Nos enteramos de su existencia por un folleto que decía "Hubo grandes escritores. Solo una bestia". Quien lo haya escrito tenía que ser alguien genial. Lo encontramos en la esquina de Libertad y Avenida de Mayo, junto a un mozo-que era su dealer de bananas. Mirá.

¿Porqué te disfrazás de gorila?

No soy un hombre disfrazado de gorila.

¿Y qué sos?

Un escritor que busca difundir su obra. Uno de los cuentos de mi libro es la historia de mi vida, la historia real de un gorila que perdió a toda su familia a manos de los cazadores.

¿Cómo fue eso?

Muy terrible. Los cazadores mataron a mi mamá y yo ya no festejo el Día de la Madre. Me encarcelaron y fue ahí donde aprendí a leer y escribir. Escapé como polizón en un container que venía a la Argentina. Me quisieron atrapar los agentes de aduana, pero yo me escondí entre un grupo de personas que hacían la propaganda de los calditos disfrazados de animales.

¿Dónde vivís?

Antes en Belgrano, ahora en Congreso.

¿Salís a la calle así todas las mañanas?

Sí, a tomar café. Voy al gimnasio, salgo a caminar, juego al tenis. Y esto es nada menos que mi trabajo: ser Barbú, el gorila escritor. Estoy muy contento con esto.

¿Y la gente qué te dice?

A veces se molesta. Otras veces lo toma bien y simplemente se ríe. Pero lo peor que me pasó fue cuando me echaron de la Facultad de Arquitectura. Ahí me gritaron "gorila" y me empujaron. Yo me puse muy mal, porque lo mío no tiene que ver con política.

¿Y por qué no hablás?

Porque los gorilas no hablan. Pero yo escribo. Soy un gorila escritor. Vos me hacés una pregunta y yo te la contesto por escrito, aunque te tenga al lado.

¿Te pondría celoso otro gorila escritor?

Si fuera un gorila de verdad lo querría como amigo. ¡Pero que no sea un tipo disfrazado! Porque si no lo denuncio.

¿Qué pensás de Copito de Nieve, el gorila albino?

Sé que murió de viejito.

¿Y King Kong?

Es mi favorito. Me puse muy triste cuando lo tiraron del edificio. Cada vez que veo esa película me largo a llorar.

¿Por lo que le hicieron los humanos?

Por lo que hacen en la realidad. Destruyen su hábitat. Son dañinos. Yo escribo cuentos para concientizarlos.

Para tomar, ¿qué elegís?, ¿un licuado?

A mí me gusta la caña de azúcar. Me gusta mucho. Pero más divertido es salir a asustar mujeres. ¡Salen corriendo!

¿Vas a sacar otro libro?

Quizás. Espero que cuando lo haga no me vuelvan a discriminar en ningún otro lado.

Entrevistado por Martín Rivas.